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Por Nicolás Lucas

El Economista

Sao Paulo.- Futurecom 2017 acogió el 3 de octubre una plática sobre lo que significa transformación digital, donde las palabras que surgieron sonarían a música para los oídos de varios empresarios del cable y las redes móviles en México, como lo fueron para ejecutivos de Telefónica y TIM -dos de los tres gigantes telecom del mercado brasileño- presentes en ese momento y que de boca de analistas y reguladores de toda la región escucharon planteamientos sobre la necesidad de establecer algún tipo de regulación puntual para las plataformas de comunicación instantánea o de ofertas de contenidos como WhatsApp, Telegram, Skype, FaceTime, Netflix y otras muchas aplicaciones similares que hacen negocio sobre las redes de infraestructura de los operadores tradicionales, pero que difícilmente dirigen dinero al mantenimiento o expansión de las mismas.

Establecer una regulación que alcance a ese tipo de plataformas será un blindaje más al objetivo latinoamericano de cerrar pronto la brecha digital, con una serie de planes nacionales que en conjunto demandan más de 200,000 millones de dólares para los siguientes siete años para llevar banda ancha a los todavía desconectados de la región.

La polémica por regular o hasta dónde es justo fincar una normativa a los llamados proveedores de aplicaciones, contenidos o servicios (PACS) sigue estando presente en varios mercados del mundo. En Europa el tema lleva más de cinco años en discusiones y allí las operadoras tradicionales han sido escuchadas por la Comisión Europea, que ya analiza un tipo de regulación para ese tipo de plataformas más allá de los relacionados sólo con la seguridad. Lo mismo pasa en Canadá, pero que no ocurre tanto en Estados Unidos, base matriz de varias de esas tecnologías.

En México, empresas como Movistar, las diversas filiales del Grupo Televisa en telecom; Megacable, Axtel y los cableros agrupados en la Asociación de Telecomunicaciones Independientes de México (ATIM) han venido exigiendo en distintas tribunas que se regule a los PACS o, dado el caso, que la regulación que pesa sobre los operadores tradicionales no sea tan impositiva, todo a fin de equilibrar la competencia y las inversiones en una industria demandante de mucho dinero para estar al día.

La idea de una regulación para los PACS se ha convertido en un tema que se toca con pinzas en las autoridades mexicanas, pues una normativa de este tipo también despierta la atención de organizaciones de defensa de los datos personales de los usuarios y de la neutralidad de la red, adicional de lo que opinen aquellas otras empresas que tengan intereses comerciales en los PACS.

Todavía, en los exámenes que el Senado de la República hizo durante la última semana de septiembre a los cinco aspirantes a dirigir el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), tres de los comisionados, Adolfo Cuevas, Mario Fromow y Arturo Robles, citaron de manera implícita puntos relacionados con posibles regulaciones para los PACS, pero sólo Cuevas Teja abiertamente se atrevió a decir un “que me perdonen Facebook, Google, Netflix… quien sea. Si hay algo que dañe potencialmente a este país, debemos intervenir”, dijo al respecto al momento de su comparecencia y pocos en el Senado pusieron atención a esas palabras; pero en el sur del continente hay quien coincide con sus ideas.

Pablo Bello, director de la Asociación Interamericana de Empresas de Telecomunicaciones (ASIET); Germán Bacca Medina, comisionado en la Comisión de Regulación de Comunicaciones de Colombia (CRC), y Paola Sardi Madueño, analista en Deloitte, coincidieron en una conferencia organizada por 5G Americas en Futurecom 2017, el foro de telecomunicaciones y TI más importante de Latinoamérica, en que “no falta mucho” para que los reguladores de distintos países discutan e impongan una normativa “similar” para los PACS, comentarios que celebraron tanto Enrique Medina, director de política públicas del incumbente Telefónica Brasil, y Luis Minoru Shibata, ejecutivo en jefe de la oficina de estrategia de TIM Brasil, ambas empresas, con un mercado atendido de más de 150 millones de líneas entre móviles y fijas en el país suramericano.

Uno de los planteamientos básicos de los conferencistas derivó del hecho de que si los PACS sustituyen a los operadores tradicionales ofreciendo un servicio similar de comunicación, por ejemplo, entonces deben estar sujetos a una normativa similar. “Pero la discusión sobre este tema, muy necesaria para la certidumbre, será complejo y creemos que todavía se llevará el tiempo que tenga que tardar. Lo interesante es que se está empezando a tocar en los foros. El gobierno y la tecnología deben colaborar para alcanzar el desarrollo de la región”, asintió Minoru Shibata, de TIM Brasil.

A los operadores, entre otras preocupaciones, les aqueja que los PACS están arrebatándole mercado en distintos nichos. WhatsApp, Skype, WeChat y otros les quitan negocio en mensajería instantánea y mensajes de voz; pocos en Navidad, por ejemplo, envían SMSs; ahora las felicitaciones viajan por otros canales. Una respuesta de los operadores ha sido su propia incursión en los PACS como proveedores de contenidos, como América Móvil con Clarovideo o Televisa con Blim.

“No necesariamente debe haber una regulación impositiva, pero sí una normativa aplicable a ese tipo de plataformas. No hablamos de aumentar la carga regulatoria, sino adaptarla a la digitalización”, comentó Enrique Medina, de Telefónica Brasil. “Llevamos ya muchos años con este tema digital. Se está haciendo un camino doloroso. El panorama ha cambiado, antes la preocupación eran los América Móvil o los TIM, y ahora los operadores de Internet nos están dando la vuelta. Los OTT están con sus productos sobre nuestros clientes, que mes a mes descargan (aplicaciones, contenidos…) y nosotros no ganamos”.

Al mismo tiempo que Enrique Medina opinaba sobre los PACS en el Auditorio México de Futurecom, en la sala de prensa la consultora Deloitte presentaba simultáneamente a los medios datos relevantes de su estudio Global Mobile Consumer Survey 2017 al respecto de Brasil y el consumo de servicios vía los PACS.

De acuerdo con Deloitte, 94% de los usuarios brasileños usan una aplicación de mensajería instantánea, 84% entra a redes sociales y 82% escribe correo electrónicos, mientras que 80% de los 2,000 brasileños entrevistados usa su teléfono para hacer llamadas tradicionales de voz, clara muestra del avance los PACS en la vida diaria de los usuarios.

En su estudio, Deloitte dijo a la prensa que el avance en el consumo desde esas plataformas deriva de las inversiones en el despliegue de nuevas tecnologías de comunicación móvil como el 4G y el 5G. En el año 2015, informó la firma de análisis, 25% de los encuestados tenía cobertura de 4G; 44% en 2016 y la cifra rondará el 61% al cierre del 2017, gracias al esfuerzo inversor de las telefónicas tradicionales.

Por lo anterior, “tendrá que haber una armonización regulatoria” entre los PACS y los proveedores tradicionales, indicó José Otero, director de 5G Americas para Latinoamérica y el Caribe. “Deberá ser una normativa paralela, que equilibre a la industria y sin perjudicar ni beneficiar a nadie”, secundó Pablo Bello, director de la ASIET, añadiendo:

“Para cerrar la brecha digital, la política regulatoria debe generar un entorno para atraer la inversión. La regulación debe adaptarse al sentido que tiene esa nueva economía y facilitar el despliegue de condiciones comerciales razonables. La pregunta es cómo beneficiarse, cuando los ARPU -ingreso promedio mensual por usuario- van a la baja y los Capex -necesidad de inversiones-, a la alza. Cómo la política pública generará inversiones para que los planes se puedan cristalizar. Para favorecer estas inversiones, debemos entender que estamos en una nueva era y que los regímenes deben actualizarse”.

Fuente: El Economista

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