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Agencias

En un contexto de cantidad de suscriptores fundamentalmente constante, la industria de la TV paga lineal –tanto por cable como satélite– enfrenta la necesidad de mantener esta situación, sin que su base sufra erosión adicional por los servicios de streaming (OTTs) que competirán con Netflix en 2020.

Salvo Brasil, donde la cantidad de suscriptores ha caído en el orden del 8% en los últimos 12 meses, la mayoría de los países latinoamericanos ha mantenido su estabilidad. Incluso algunos como Paraguay y Bolivia han logrado crecer debido a su menor desarrollo anterior, y Perú se mantiene estable tras un fuerte crecimiento en 2018, en función de la incorporación de operadores y suscriptores antes no declarados a las estadísticas habitualmente utilizadas en la industria y por encima de las de Osiptel, que aparentemente no refleja datos de centenares de operadores en el interior del país.Este panorama difiere de lo que se observa en Estados Unidos, donde muchos usuarios han dado de baja su suscripción a cable o satélite (“cord cutters”) y el público más joven, al igual que en Latinoamérica, simplemente no entiende que haya que esperar hasta una cierta hora o día para ver un contenido que le interesa; se los denomina “cord-nevers”.

Esta diferencia de situación obedece a dos razones principales. En primera instancia, los precios de la suscripción a la TV lineal son comparativamente más altos que en Latinoamérica, con valores en el orden de los USD 150 mensuales para el servicio full con los canales premium, etc. El otro factor, no siempre tenido en cuenta, es que en EE.UU. se emiten por TV de aire muchos contenidos que en nuestra región deben ser ubicados en el cable, como deportes (fútbol estadounidense, béisbol, aquí sería la Copa Libertadores de América), y programas de entretenimiento, como The Big Bang Theory y episodios nuevos de Los Simpson, entre muchos otros. Es decir, que en nuestros países la TV paga tiene mayor valor relativo que en Estados Unidos, y esto favorece a quienes allá la abandonan.

No es una casualidad que Brasil sea el país donde mayor deterioro ha tenido la TV paga lineal: a principios de este siglo, comentábamos que, en las conferencias en San Pablo, muchos profesionales locales consideraban que ‘en Brasil la TV abierta es tan buena que no hay necesidad de TV paga’, en referencia a las seis cadenas de TV de aire. Después llegaron los tiempos en que la bonanza económica comenzada bajo la presidencia de Fernando Henrique Cardoso y continuada con Luis Inácio Da Silva resultó en casi 20 millones de suscriptores. Hoy, con un estancamiento que lleva años, parte de esos suscriptores dedica el dinero antes invertido en TV paga lineal a pagar por su teléfono celular y el acceso fijo a Internet, que sigue creciendo cuando la TV baja. Y, si queda algo, a Netflix, que tiene más de 6 millones de suscriptores.

De todos modos, en todos los países de la región la TV paga lineal tiene una misma necesidad: reinventarse, a riesgo de quedar obsoleta o restringida a un público mayor de 40 años que irá envejeciendo más aún cada año. No está demostrado que los jóvenes nacidos después de 1995, denominados Centennials o Generación Z, cambien su actual resistencia a los horarios fijos.

Por otra parte, los estudios de Hollywood han reaccionado al éxito de Netflix, que cuenta ya con 150 millones de cuentas en todo el mundo, y lanzarán servicios como Disney+ y HBO Max, que contará con el catálogo de todo Warner Media, entre otros. También están los OTTs Prime Video de Amazon, el de Apple y los de las telcos, entre ellas América Móvil, Telefónica y en Argentina, Telecom, junto a unos 300 independientes o de nicho en Estados Unidos, y aproximadamente otro tanto en América Latina.

Para la TV lineal, además de los diferentes hábitos de los adolescentes y adultos jóvenes, está el problema de la disponibilidad de contenidos: ya este año, los siete principales servicios de streaming están comprometiendo cerca de USD 30.000 millones para la producción de programas exclusivos para consumo online.

Si esto se cumpliera al pie de la letra, para la televisión lineal quedarían, en muchos casos, sólo las coproducciones que esos mismos estudios realizarán de aquí en más con emisoras de aire y cable que se están convirtiendo también en estudios a la usanza de Hollywood: producen para sí y para terceros. Este tema no está claro y es probable que la disponibilidad sea más amplia, pero tampoco es posible pasarlo por alto.

Transformación
La solución más inmediata para los operadores de cable, tal como fuera enunciado hace ya cinco años, es convertir su sistema en un centro de telecomunicaciones donde el suscriptor pueda encontrar no sólo los canales lineales sino también acceso a Netflix, Disney y demás y, lógicamente, un buen acceso a Internet, tema en que la región está muy retrasado.

En el reciente Executive Leadership Forum organizado por CommScope y ARRIS, se habló del Wi-Fi 6, con un ancho de banda de 6 Gbps –unas 60 veces más que los 100 Mbps que son hoy orgullo de los proveedores de nuestra región– y una dramática reducción en la latencia, tema que para los eSports es esencial. Por supuesto, el cableoperador debe permitir a sus usuarios una fluida participación en esta actividad, de gran atractivo justamente para quienes reniegan de la TV lineal.

No estamos sosteniendo que esta transformación sea sencilla. En Latinoamérica, desde México hasta Argentina y Chile, hay grandes operadores de cable, empresas medianas y centenares de independientes que cubren zonas pobladas y en muchos casos las unen con una red para lograr mayor escala. Lo que se les pide ahora es que dejen de pensar en la TV paga como un negocio inmobiliario (como cuando se habla de casas pasadas con la red) y comiencen a razonar en función de las personas que viven en el lugar donde se ha solicitado la conexión.

El cableoperador, de la misma manera que la telco (sea América Móvil, Telefónica, Millicom o las nacionales en cada país) ya no tiene la exclusividad de acceso a la casa: aunque tenga la conexión fija al edificio o departamento, los habitantes de cada hogar se mueven hoy de acuerdo a sus necesidades e inclinaciones personales. En la conferencia antes citada se mencionaba el negocio de proveer Wi-Fi en los locales comerciantes: no solo está demostrado que aumenta la voluntad de gastar dinero en el local, sino que se logra una base de datos de los usuarios que puede ser usada para campañas promocionales futuras.

También hay que hacer jugar a favor el entusiasmo del público por las redes sociales: se debe, necesariamente, tener presencia en Twitter, Facebook, Instagram, YouTube y las que vayan surgiendo para, por un lado promover sus contenidos, pero también para aumentar el engagement de los usuarios con la respuesta a los temas y preguntas que vayan planteando; es un proceso de fidelización cada vez más importante.

En otros términos, hay que cambiar la manera de encarar el negocio: los cableoperadores locales pueden aprovechar las ventajas de la cercanía a sus clientes y la posibilidad de brindarles y facturarles servicios personalizados para sobrevivir a esta transformación.

La necesidad de transformación también se aplica a las autoridades: en la mayoría de los países de la región, los burócratas simplemente no entienden la importancia del espectro radioeléctrico y la necesidad de manejarlo con destreza, y en forma complementaria con la construcción de redes de fibra óptica. En México, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha adjudicado la utilización de la red de fibra óptica de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) a una recientemente creada división de la misma entidad, en lugar de utilizarla como complemento del espectro en la banda 700 MHz liberado durante el gobierno anterior de Enrique Peña Nieto para configurar la Red Compartida, una red móvil concesionada al consorcio Altán Redes, para su comercialización a otros carriers, empresas de telecomunicaciones y MSOs (Multiple System Operators) de TV paga.

En Argentina se sigue postergando el apagón analógico pero existen canales exclusivamente digitales, cuya llegada al público depende de los cableoperadores. Funciona desde hace años el sistema de fibra óptica Televisión Digital Argentina (TDA), en su momento impulsado con entrega de decodificadores gratuitos a jubilados pero de escaso vuelo en un país donde la TV paga llega a más de 9,6 millones de hogares, un 85% del total estimado existente.

En Uruguay se procedió también a la digitalización de canales pero el sistema analógico sigue en funcionamiento, de modo que la frecuencia no ha sido liberada; por otra parte, dado que el acceso a Internet es un monopolio adjudicado a la telco estatal Antel, los cableoperadores deben forzosamente actuar como representantes o asociarse de alguna manera al ente público para ofrecer el servicio. Antel tiene planes de expansión importantes y ha provisto fibra óptica a la mayor parte de la población, establecido un exitoso Data Center regional para conexiones con la nube, tiene un convenio con Netflix y su propio OTT, denominado VeraTV y ofrece en la actualidad 57 canales públicos y departamentales. También se está inaugurando en Montevideo el Antel Arena para espectáculos con público.

Las audiencias únicas

Otra ventana de oportunidad existente para los cableoperadores es la que podemos denominar ‘audiencias únicas’, grupos de población con intereses afines que pueden ir desde deportes de menor popularidad general que el fútbol inglés, el fútbol estadounidense y el béisbol, hasta la realización de reparaciones domésticas, pasando por la cocina, la compra y venta de objetos a nivel particular y muchas otras actividades.

Los expertos en redes sociales se han percatado de las existencia de múltiples grupos de este tipo, disgregados a lo largo de la geografía del continente y con un notable grado de afinidad (lo que se denomina engagement) hacia el tema de su preferencia.

Así han surgido los denominados influencers, que monetizan su actividad cobrando dinero por mostrar en pantalla productos o hablando de servicios que les pagan por la mención. En tanto los anunciantes discuten la efectividad de estos procedimientos y el grado de fraude que pueda existir al respecto, la realidad es que los múltiples canales lineales que distribuyen los cableoperadores contienen decenas de programas o contenidos que tienen también la capacidad de conectar a estos grupos compactos dondequiera estén, y hasta para posibilitar la realización de giras con actuaciones en público, como sucedió en agosto con Drew y Jonathan Scott y su programa Hermanos a la Obra en el canal Home & Health de Discovery, que se presentaron en México, Brasil, Argentina, Chile y Colombia a salas llenas.

La clave de esta estrategia está en que la TV paga lineal tiene la capacidad de sumar audiencias en sitios distantes entre sí y generar, en conjunto, un público capaz de sustentar una iniciativa, posibilitando incluso organizar eventos y hasta recitales. Es una capacidad que la TV de aire no tiene, por estar limitada por la geografía pero que la TV paga lineal puede monetizar al agregar en forma simultánea a los grupos locales en los diferentes países.

Fuente: Prensario

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