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Agencias

Dicen que lo que sucede, conviene. Cuando vienen mal dadas, reconforta pensar que el tiempo volteará los problemas para convertirlos en bendiciones. Y eso es lo que ha pasado con Telefónica en el Reino Unido. El veto de hace cinco años a la venta del negocio de O2 en aquel país ha resultado providencial. El giro en la situación parece de una película de acción, de esas en las que todo se complica y luego se resuelve felizmente al final. Desde aquel varapalo desproporcionado, la compañía ha pasado de casi abandonar el Reino Unido a convertirse en su primer jugador, en un viaje de la nada al todo. Y todo en un lustro, precisamente el tiempo que José María Álvarez-Pallete lleva situado al frente de la teleco.

El pasado jueves, el regulador de los mercados y la competencia británica (CMA) concedió provisionalmente vía libre a fusión de Telefónica O2 y Virgin Media valorada en 36.000 millones de euros, la mayor de la historia de una compañía que el próximo lunes soplará 97 velas. Fruto de esa joint venture surgirá el principal operador de telecomunicaciones convergente en el Reino Unido, con inversiones previstas de 11.000 millones de euros hasta 2025. Justicia poética llaman a esos reveses de la vida que luego tornan en triunfos.

Los crueles días de 2016

Este quinto aniversario de presidencia en Telefónica anima a recordar aquellos días de abril de 2016 y la cruel bienvenida que el mercado propinó al sucesor de César Alierta. Nada más tomar el relevo, Álvarez-Pallete se encontró de bruces con el rechazo de Bruselas a la venta de O2 en el Reino Unido -decisión que la justicia europea anuló el pasado verano-. Los ingresos de 14.000 millones de euros esperados por aquella operación se esfumaron al instante. El impacto fue brutal. Se truncaron los planes de la teleco de reducir una deuda heredada de 50.000 millones y se tambaleaba ese dividendo que se prometía garantizado. Las firmas de rating hurgaron en la herida y los mercados exhibieron su inclemencia, con un ensañamiento en el valor muy difícil de entender. Después llegó el Brexit, junto con un rosario de contratiempos ajenos a la gestión de la compañía. La caída en bolsa de Telefónica desde abril de 2016 ha sido del 44,5%, mientras que el Stoxx Europe 600 Telecom ha cedido el 28% en el mismo periodo.

La opinión del conjunto de los inversores no ha mudado pese al esfuerzo de la teleco para reducir su deuda a la mitad, desde los 52.000 millones de 2016 a los 26.000 millones previstos para finales de este, una vez excluidos los arrendamientos y dando por hechas las operaciones en trámite.

Tampoco parece conmover en los mercados la consolidación de Telefónica como líder europeo en fibra óptica, además de referencia en 5G y pionero en el lanzamiento de verticales de futuro, como la seguridad, la salud o los servicios financieros. Ha creado unicornios y se ha comprometido con sus clientes, la educación, el planeta, la diversidad y la ética de los algoritmos. Ha reducido estructuras, marcado el paso en la TV de pago y los servicios de convergencia. Con eso y mucho más convive Álvarez-Pallete desde sus primeros días de gestión, pero sin el reconocimiento del parqué.

Desde el 8 de abril de 2016, Álvarez-Pallete ha cambiado la compañía para codearse con Google, Facebook, Amazon y Microsoft

Su nombramiento fue celebrado dentro y fuera del grupo. Era el ascenso de un hombre de la casa, un ‘telefónico’ hasta la médula, protagonista de una promoción interna de las que no se estilan en las grandes corporaciones. Antes de estrenar su nuevo despacho, Álvarez-Pallete se había curtido en las tripas del gigante. Controlaba los mecanismos de la empresa, conocía el nombre y apellido de decenas de trabajadores y directivos con los que se había remangado muchos años. También había cosido el Atlántico de costa a costa con cientos de viajes, primero como responsable de las filiales de Latinoamérica y después como CEO del grupo.

Desde el 8 de abril de 2016, Álvarez-Pallete ha cambiado la compañía para codearse con Google, Facebook, Amazon y Microsoft, tarea ciertamente complicada cuando las condiciones regulatorias y de mercado parecen diseñadas por el enemigo. Ya se sabe que los titanes edifican sus imperios sobre infraestructuras en las que no aportan un céntimo, sin apenas tributar por sus botines. Mientras eso sucede, Telefónica ha sembrado sus mercados de redes de nueva generación, ha jubilado el cobre con sus más de 765 centrales y ahora invierte a manos llenas en el 5G, tecnología que impulsará la digitalización de nuestras vidas.

En sus cinco años de comodoro, Álvarez-Pallete ha convivido con tempestades propias y ajenas, incluidos huracanes, terremotos y pandemias. También se ha acostumbrado a desayunar con disgustos pertinaces, como el referido desdén de la bolsa ante la reducción drástica de su apalancamiento, ejecutado al mismo tiempo que su grupo aceleraba las inversiones y se transformaba de acuerdo a las necesidades del momento.

El cambio estratégico puesto en marcha en noviembre de 2019 también ha propinado amarguras al presidente de Telefónica, como el hecho de orillar a Hispanoamérica de entre las prioridades del grupo. Pocos en la multinacional sienten un aprecio mayor por esos mercados que el primer ejecutivo. Pero la ejecución de la estrategia así lo dictaba en favor de un club limitado a España, Brasil, Reino Unido y Alemania.

Los mismos 60 meses de Álvarez-Pallete en la presidencia del grupo también están marcados por el Covid-19. Junto al dolor y las pérdidas propagadas por el virus, también hay sitio para el orgullo de una compañía que ha combatido con las mejores armas: su gente y sus redes. Como el valor al soldado, también se presupone la eficacia en el servicio de la teleco -y también de sus iguales- para garantizar el sostenimiento de una conectividad crítica para resistir la pandemia. Las líneas soportaron demandas de tráfico que, en algunos casos, llegaron a multiplicarse hasta por diez. El teletrabajo, la sanidad, la tele-enseñanza, las videoconferencias familiares y el ocio online en sus múltiples versiones resultaron providenciales para mantener la actividad económica, social y emocional de un país encerrado en sus casas. Quizá esa satisfacción por el trabajo bien hecho ha podido ser la mayor y más silenciosa recompensa de Álvarez-Pallete en lo que lleva de mandato: ver que sus redes salvaron al país. Y de qué forma.

Fuente: eE

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