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Agencias

Durante el 6G Global Summit de Londres, autoridades de los mercados del mundo han expuesto sus expectativas y retos a propósito del despliegue de la próxima generación de tecnología de redes móviles y han citado como requisito clave la capacidad de compartir espectro con los servicios ya existentes.

En una serie de sesiones en las que han participado organismos reguladores de Estados Unidos, Reino Unido, Japón, India, Bahréin y la Unión Europea, se han podido apreciar grados de ambición distintos a propósito de la 6G, pero el tema constante ha sido que dicha tecnología tiene que ser una red de redes que incorpore tecnología del espacio y no perjudique al medio ambiente.

Entre las valoraciones más prudentes sobre la configuración de la era 6G se hallan las de los representantes del Reino Unido y Estados Unidos, que han hecho referencia a la necesidad de compartir las bandas de espectro con los servicios ya existentes.

David Willis, director del Grupo de Espectro del organismo regulador británico Ofcom, ha afirmado que “ya estamos viendo una mayor diversidad en la demanda de espectro”. El directivo ha subrayado la necesidad de “compartir” en el futuro “a través del propio diseño”.

Ha añadido que las frecuencias asignadas a la 6G “ya son usadas por algunos servicios tradicionales, como por ejemplo los de defensa, que no pueden trasladarse. Es obvio que no podemos esperar que esas bandas están totalmente despejadas, ni que se disponga de licencias exclusivas [o casi exclusivas], como ha ocurrido con generaciones anteriores.”

Charles Cooper, administrador asociado de la oficina de gestión de espectro de la autoridad estadounidense NTIA, también ha planteado la necesidad de compartir el espectro con los servicios de importancia clave.

Según dicho directivo, “el espectro alimenta la seguridad nacional, la aviación, el seguimiento de las condiciones climáticas, el uso científico y la radioastronomía, lo que exige un planteamiento equilibrado”. Cooper añade que Estados Unidos también respalda la comercialización de una arquitectura abierta de radio con dicho fin.

Así, por ejemplo, se “trabaja en una tecnología de detección del espectro radioeléctrico definida por software que proteja a los usuarios tradicionales, como por ejemplo entidades gubernamentales, al tiempo que promueve un uso seguro y eficiente del espectro compartido”.

El nivel de expectativas en torno a la 6G varía entre organismos reguladores, pero por lo general, todos ellos manifiestan optimismo sobre sus posibilidades, sobre todo en el caso de aplicaciones no destinadas al consumidor. Todos ellos han destacado los avances de sus respectivos países.

Anil Kumar, presidente de TRAI (Autoridad Reguladora de las Telecomunicaciones de India), ha expuesto sus esperanzas a propósito de la transformación de las economías y la prestación de un servicio universal sostenible, así como planes para que India se sitúe a la vanguardia de la nueva era.

Hay que aprender de la 5G

En un tono más prudente, Yoko Nakata, subdirectora de la división de Estrategia Global del Ministerio de Asuntos Internos y Comunicaciones de Japón, ha explicado que, si bien su país trabaja en estrategias para la próxima generación, aún no se ha materializado todo el valor de la 5G.

“Aún no hemos hallado una aplicación de gran impacto que sea exclusiva de la 5G y esperamos encontrarla con el despliegue del sistema autónomo.”

“Pero creemos que no habrá 6G sin un éxito previo de la 5G, por lo que es muy importante descubrir algunas aplicaciones que hallen aceptación general en la sociedad.”

Philip Marnick, director general de la Autoridad Reguladora de las Telecomunicaciones del Reino de Bahréin, ha defendido que es necesario partir de las generaciones anteriores, proceder con realismo y garantizar que la 6G sea una tecnología evolutiva.

Así, por ejemplo, ha señalado la necesidad de un cambio de mentalidad respecto a generaciones anteriores. “Debemos preguntarnos si necesitamos una nueva interfaz aérea y, si la respuesta es afirmativa, para cuándo la necesitamos.”

Konstantinos Masselos, vicepresidente del ORECE/BEREC, organismo regulador de la Unión Europea, ha afirmado que el argumento de que la 5G era necesaria para mejorar las velocidades de banda ancha es cuestionable, y que aún es más discutible hacer extensible dicho argumento a la 6G.

Ha añadido que, en su opinión, “el punto clave de la 6G no será la velocidad, sino los servicios, y asistiremos a una transición entre las redes que tenían como punto principal la velocidad a otras que se centrarán en los servicios”. Ha citado aplicaciones que exigen un rendimiento garantizado “en tiempo real”, por ejemplo la conducción autónoma y las aplicaciones para ciudades inteligentes.

Como aún falta más de media década para el lanzamiento comercial de la 6G, podemos prever que los debates mencionados continuarán durante los próximos años, si bien el número de países representados en esta fase relativamente temprana demuestra que existe en todo el mundo un interés por situarse en la vanguardia de la próxima era.

Fuente: MWL

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